martes, 12 de mayo de 2009

La lucha de Sonia Pierre

Tal vez para muchos el nombre de Sonia Pierre no les diga nada. Sin embargo, para muchas mujeres y jóvenes de origen haitiano que viven en República Dominicana es sinónimo de esperanza.

Sonia Pierre nació en el seno de una familia de origen haitiano en Altagracia, provincia de San Cristobal, en la República Dominicana, es decir, es dominicana de nacimiento. No obstante, tanto ella como miles de mujeres de origen haitiano luchan porque este derecho siga siendo reconocido por las autoridades del país a través del Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas (MUDHA).

En entrevista para Educación sin Fronteras, Pierre asegura que desde niña vivió un ambiente de exclusión, racismo y xenofobia debido a su origen. Tal vez por eso Pierre decidió estudiar una carrera cercana a la gente como lo es Trabajo Social en la vecina isla de Cuba.

En 1983, después de colaborar con varias organizaciones, Pierre funda una pequeña organización que con los años se convertiría en MUDHA, para trabajar en los bateyes azucareros del país. Sin embargo, a partir del 2007 su lucha se ha intensificado con la iniciativa por parte del gobierno dominicano de desnacionalizar a los hijos de inmigrantes haitianos.

“La circular 017 permitiría que la Junta Central Electoral anule la nacionalidad de alrededor de 800 mil personas de origen haitiano”. Esta situación provocaría que esta población se encuentre dentro de un limbo jurídico que no les permitiría estudiar, trabajar ni circular libremente por el país.

Precisamente en materia educativa, Pierre recalcó que esta anulación de la nacionalidad evitaría que los estudiantes puedan recibir sus certificados o títulos de grado. “Lo único que provocaría esta situación sería un auge en la delincuencia debido a la falta de oportunidades para los jóvenes”. Añade además que estas medidas se están tomando cuando en estos momentos no ha habido un cambio en la constitución del país, por lo que denuncia que se trataría de una medida ilegal.

Igualmente en materia laboral, las personas que no cuenten con la nacionalidad se encontrarán en una situación de exclusión que los obligaría a trabajar en condiciones desfavorables frente a la demás población, pues no contarían con las prestaciones de ley. “Quienes se beneficiarían serían los empresarios que los contratarían con un bajo salario y trabajando de doce a dieciséis horas”, asegura Pierre.

Actualmente desde MUDHA se realizan campañas de sensibilización tanto con la población así como con agentes del Estado en busca de evitar que se continúe con esta campaña. También realizan seminarios durante el mes de diciembre con personas de diferentes países con el fin de conocer la realidad de otras problemáticas y contrastarlas.

Además MUDHA ha solicitado un cambio en la constitución para proteger a la población de origen haitiano a través del reconocimiento de este colectivo, además de solicitar que no sólo los hombres puedan otorgar la nacionalidad dominicana por matrimonio.

Hasta la fecha la labor de MUDHA ha sido reconocida con sendos premiso de Amnistía Internacional y el Kennedy Memorial, los cuales les ha servido para buscar ayuda internacional para su lucha, principalmente han logrado contactar con legisladores norteamericanos que obliguen al gobierno dominicano a cumplir los Derechos Humanos en la isla antes de que entre en vigor el Tratado de Libre Comercio.

Sonia Pierre asegura que la relación con Educación Sin Fronteras les ha servido para aprender mucho en materia de educación. Durante varios años Montserrat Bové, ex-coordinadora de ESF en República Dominicana, ha acompañado a Sonia en su trabajo y ha realizado una tesina sobre la educación en los bateyes que ha servido de base a MUDHA para seguir en su lucha por el derecho a la educación.

A pesar de que todo indica que la lucha por la igualdad en República Dominicana será larga, Sonia Pierre está convencida que lograrán sus objetivos. Nunca lo dice, pero lo transmite, por eso muchos siguen confiando en ella.
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Autor: carlos lópez-aguirre. Publicado en http://www.educacionsinfronteras.org/. Abril, 2009

viernes, 1 de mayo de 2009

La belleza y la miseria

Para mi familia y amigos en el México de la influenza.
Año MMIX d. C.

México es un país especial. No lo digo porque sea la tierra donde nací, sino porque después de varios años de conocerla, estoy convencido de que no hay otro lugar en el mundo donde se conjuguen, en absoluta armonía, la belleza y la miseria.

Pero no hablo sólo de la belleza estética, ni me refiero en particular a la miseria económica, sino a esos conceptos abstractos que incluyen, dentro de sí mismos, las acciones concretas de los seres humanos. En este caso, nosotros los mexicanos.

Ser un país latinoamericano significa ser un país de contradicciones. Hijos de la soberbia y la violación (hijos de la chingada diría Octavio Paz) nos ha convertido en países en busca de una identidad que no acabamos de definir.

En esta búsqueda permanente de nosotros mismos, en México hemos sido capaces de independizarnos de la mano de un general español después de que miles e indígenas consiguieran su conquista. Dejamos que un dictador perdiera más de la mitad del país, pero le rogamos una y otra vez que volviera para 'salvar' la patria. Fusilamos a un príncipe europeo a favor de la república liberal pero desde siempre nos hemos considerado por definición como católicos y guadalupanos. Hicimos una revolución para acabar con una dictadura y con la desigualdad social y acabamos en otra dictadura (perfecta diría Vargas Llosa, tal vez porque era lo que él mismo pretendía en el Perú) y sin ninguna posibilidad en el horizonte de alcanzar la igualdad. Morimos en Tlatelolco, admiramos al ‘Che’ Guevara y a Salvador Allende, pero nos entregamos al neoliberalismo y a sus autores antes de permitir que la izquierda ascendiera al poder por primera vez en su historia. Rescatamos a vivos y recogimos a nuestros muertos entre las ruinas de la capital en la mitad de los ochenta y luego cortamos cabezas y lanzamos granadas a la multitud en Morelia en el Siglo XXI. Llenamos plazas para ver al Papa y también a Marcos. Vivimos la mayor pandemia del último siglo y mantenemos la calma.

Cinco siglos de belleza y de miseria se definen en un solo nombre, México.

carlos lópez-aguirre
Barcelona (durante la última lluvia de primavera), 30 de abril de 2009

miércoles, 1 de abril de 2009

Una breve mirada a Estambul

Cuenta el mito que Byzas, un marino griego de la isla de Megara, fundó ahí una ciudad que llevaría su nombre: Bizancio. Constantino la convirtió en la capital de su imperio Justiniano hizo de Constantinopla una de las ciudades más bellas al levantar una catedral dedicada a la Santa Sabiduría (Agia Sophia en griego). Luego vino la decadencia: Occidente miraba con recelo al Imperio Bizantino, al no someterse a la voluntad de los polémicos papas europeos, mientras que desde Oriente los turcos se habían convertido en una amenaza. En el año 1453 Constantinopla cayó, y los otomanos fundaron ahí la capital de su imperio. Europa tembló después de no acudir en la ayuda del viejo Bizancio, de la antigua Constantinopla. Nacía una nueva ciudad: Estambul.

Caminar por las calles de Estambul es caminar entre millares de gatos que resguardan las ciudad, como si fueran la reencarnación de los antiguos emperadores y sultanes; es caminar en medio del graznido de los cuervos acechantes; pero sobre todo es caminar entre contrastes: chicas con velo al lado de otras que lucen minifalda; hombres de largas barbas y turbante al lado de jóvenes estudiantes con discretos pendientes; no es raro ver mezquitas que colindan con iglesias o sinagogas. Y aunque parece que todo aquello es un enorme caos alimentado por el constante bullicio de la ciudad, más que un orden, se percibe un equilibrio que los habitantes de la ciudad han sabido conservar y apreciar.

Cuatro veces al día los imanes llaman al rezo. No hay rincón de la ciudad donde no se escuche el llamado, 2 mil 500 mezquitas resguardan la fe del Islam en la antigua capital del Imperio Otomano. Es un momento especial, se percibe en el ambiente, sin embargo, la cotidianidad no cambia. Si es viernes, los hombres están obligados a asistir a la mezquita. La modernidad y la tradición se funden en unos cuantos minutos si se observa con atención. Es una escena un tanto extraña, los jóvenes se quitan las gafas de sol, visten ajustadas camisetas con enormes letras de marcas occidentales, apagan sus celulares y comienzan sus abluciones. Luego continúan el rito reclinando con fe la cabeza hasta el suelo una y otra vez sobre mullidas alfombras. Al terminar, encienden su MP3 y se van escuchando una canción de moda.


En Estambul es raro ver mendigos. Tal vez porque todo se vende en Estambul, no hay una calle que no tenga un comercio o un vendedor ambulante, aunque sea humildes ancianos que venden un par de calcetines y prendas tejidas. Los vendedores más comunes son los que ofrecen té (çay) o simits, el tradicional pan turco de forma circular. En las frías noches invernales, son los más solicitados por los estambulíes.

Estambul ha tenido tres nombres; ha visto pasar a lo largo de su historia a griegos, cruzados europeos, venecianos, genoveses y turcos; ha escuchado decenas de lenguas y ha sentido tantas metamorfosis, que al día de hoy Estambul es un gran puente entre Oriente y Occidente, es un lugar donde se es igual aunque existan diferencias, es un gran centro de convivencia digno de ser tomado en cuenta por el mundo entero.